[Advertencia:
Si bien esta es la continuación del "Comentario (partes I a IV)"
sobre el relato "La clave", de Isaac Asimov, esto no es ni comentario
ni reseña, sino directamente una pieza de ficción, inspirada por el contenido
de aquel. Todo lo que aparece a continuación es completamente imaginario, a
excepción del dato -real- de que en la Universidad de Boston se guarda un
completo archivo con toda la obra - además de notas, cartas, etc...- del
eminente escritor, y la referencia a MULTIVAC, computadora ficticia que aparece
en algunos relatos del autor.]
Multivac, en el universo asimoviano, era una supercomputadora que ocupaba un extenso espacio en algún remoto y secreto sótano de quién sabe qué departamento gubernamental, y que tenía la misión de ayudar a la humanidad a resolver sus problemas y necesidades gracias a su potente complejo MÚLTIple de Válvulas de vACío.
Algunos años después de la muerte del llorado maestro, algún ignorado genio de la Universidad de Boston, donde se conserva el archivo Asimov, tuvo la brillante idea de construir un superordenador en el que se guardaría toda la obra y pensamiento del admirado escritor y al que se dotaría de un programa que lograría imitar la personalidad del mismo, de manera que se pudiera interactuar con la máquina como si se estuviera ante el mismísimo Isaac. La finalidad de tal idea no era otra que demostrar las posibilidades de la emergente Inteligencia Artificial y, de paso, contar con el asesoramiento del ordenador para diferentes propósitos como si el propio Asimov se sentara aún en el Consejo de Gobierno de la Universidad. Incluso algún malpensado llegó a opinar que los promotores de la idea pretendían que la máquina escribiese un libro como si de una obra póstuma del maestro se tratara, lo cual, unido a la curiosidad y el morbo que ello generaría, podría reportarles pingües beneficios. Pero, después de todo, aquello no tuvo una gran utilidad y hoy en día la MULTIVAC de Boston no es sino una mera curiosidad incluida en las visitas guiadas a las instalaciones de la Universidad. Pero yo sí tenía algunas preguntas para
Asimov, o sea Multivac; bueno, da igual...A primera hora de la tarde cogí el
tren s-sónico en la estación más cercana a mi casa, y me dirigí a Boston,
calculando que allí sería media mañana cuando llegara. Después de un buen par
de horas de viaje, llegué a la terminal de la ciudad y, sin dilación, busqué el
metro de la Universidad. Una vez en el Campus, fue fácil orientarse, ya que
había muchos rótulos indicando la ubicación del edificio de MultiVac. Cuando
llegué ante él, unas puertas de cristal automáticas se abrieron invitándome a
pasar. Me encaminé hacia el puesto de la recepcionista, una morenaza que
quitaba el hipo. Muy formal, le dije:
-Buenos días. Quisiera hablar con el Sr. Asi...Sorry...Morning. Would like to speak to Mr. Asimov.
-You mean "speak with Mr. Asimov..."
- Err...
- No se ofusque, viejo. Puedo entender el
castellano perfectly.
- Ah, bien. Gracias.
-Ahorita mismo todas las cabinas están
ocupadas, pero le avisaré en el momento en que alguna quede disponible. Llene
este formulario, si es tan amable, y después pase a la sala de espera.
Así lo hice. Me senté en uno de los
mullidos sillones de terciopelo rojo de la sala y me dispuse a esperar
pacientemente. Pero a los pocos minutos sonó un aviso:
"Señior Juann, booth number 3 is now
available to you."
Me levanté de un salto y salí de la habitación. La
chica ya me estaba indicando el pasillo. Unos metros más adelante comenzaba una
hilera de puertas. Cuando llegué a la número 3, la abrí y pasé al interior. No
sé que esperaba encontrar exactamente cuando decidí visitar a Multivac. Quizá
una enorme sala ultralimpia con una gigantesca máquina que me hablara con voz
tonante. Sé que es una fantasía, pero al entrar en la cabina me sentí
decepcionado: una silla, un pequeño escritorio y, delante, incrustado en la
pared, un pequeño monitor a cuyos lados destacaban las rendijas de sendos
altavoces. En la pantalla táctil del monitor, un recuadro intermitente me
exigía que eligiera idioma. Seleccioné "Spanish" y, en seguida, una
cálida voz masculina me dio la bienvenida y empezó a desgranar unas sucintas
instrucciones, que al mismo tiempo aparecían escritas en la pantalla:
1.Haga una breve descripción del motivo y tema
de su visita.
2.Espere a que el monitor muestre luz verde.
3.Formule una pregunta. Si no obtiene
respuesta, reformule la pregunta.
4.Tras la respuesta, espere la luz verde.
Repita los pasos 3 y 4 hasta llegar al límite de
preguntas. Hay un límite de 5 preguntas.
Al terminar la perorata, el altavoz emitió un suave
tañido musical que, supuse, me indicaba que podía empezar a hablar.
CONTINUARÁ
No hay comentarios:
Publicar un comentario